Si en el anterior post hablaba sobre el número 24 de Exit a cerca de las Ruinas, ahora hablo del número 21 dedicado a los Remakes (igual de recomendable), concretamente de la genial serie “Historia de una fotografía de juguete” de Marcos Vilariño. En esta seríe el artista reproduce mediante míticas piezas tente, muñecos lego y mucha sutileza obras fotográficas clásicas.
Esta serie nos acompaña en un viaje a través del tiempo, relatándonos con un conjunto de imágenes la historia de la Fotografía comprendida en una gran parte de los siglos XIX y XX.
Nuestra historia comienza en 1826, el año en que Nicéphore Niépce obtiene la primera imagen fotográfica. Desde los primeros trabajos de claro carácter documental (William Henry Fox Talbot, Roger Fenton, Alexander Gardner) el medio fotográfico evoluciona en la búsqueda de un lugar propio en el mundo del arte.
Ante los tímidos primeros pasos que representan los retratos de Julia Margaret Cameron, el pictorialismo de Edward Steichen, el naturismo de P. H. Emerson, o los singulares paisajes de las calles de París de Eugéne Atget, el enterpunte de Alfred Stieglitz marcará el punto de inflexión en la búsqueda de una identidad propia de la estética fotográfica, gracias en gran parte, a la democratización del medio.
El texto, también de Marcos Vilariño, me ha permitido hacer un repaso en 4 párrafos de la historia de la fotografía y atiborrarlo de links como a mí me gusta…;)
El texto que aparece en este post es parte de la editorial del número 24 de Exit, dedicado a las ruinas. Escrito por Rosa Olivares (una vez más), analiza la “ruina” como género fotográfico, su significado…Siempre me he sentido atraido por lo que algunos llaman “muerte y destrucción” sin saber muy bien por qué…aunque ahora creo tenerlo (no del todo) algo más claro..;)
La sociedad actual no sólamente se dedica a fomentar el negocio de la belleza artificial, algo mucho más rentable que la inteligencia artificial, a base de cremas y afeites de todo tipo para ella y para él, operaciones quirúrjicas, gimnasios, etc., toda esta arquitectura de la belleza artificial, preámbulo de la decadencia más real, convive en paralelo con la transformación simbólica del desastre en un producto asimilable por el ciudadano medio. Para la elite intelectual este desastre, la tragedia en que vivimos, adquiere categoría estética.
La ruina simboliza en la historia del arte, de la filosofía o de la literatura, es decir, en la historia cultural del ser humano, aspectos nobles, de transformación, de mejora, de memoria, de renovación. Se hace ver, desde el Renacimiento hasta nuestros días, que la ruína no solo tiene una belleza intrínseca, sino que se convierte en un referente romántico, en una representación del desarollo, en conceptos diferentes siempre positivos a lo largo del tiempo. Pero hoy en día todavía seguimos admirándonos de que las consecuencias del paso del tiempo, de la destrucción del hombre, de los restos de los desastres naturales puedan ser remarcables por su belleza, por su intensidad estética, por su aspecto regenerador. Olvidando casi siempre, tal vez por su excesiva presencia, la tragedia que la provocó. En un proceso publicitario imposible, los medios de comunicación intentan que, en una sociedad en la que la juventud, lo nuevo, la belleza, y últimamente la salud, son los valores centrales, la “arruga sea bella”, la decadencia atractiva, lo antiguo coleccionable y la muerte sea vista como algo que al parecer les pasa a los demás, generalmente lejos.
Sin embargo, nunca anteriormente, la destrucción, la tragedia, y por lo tanto la ruina contemporánea, ha estado más visible, ha sido más cotidiana, más inevitable y ha estado más presente en nuestra memoria visual que en el momento actual. Hablo de lo que vemos cada día en la prensa y en la televisión. Hablo de la ruina real que vemos después de un bombardeo o en un país en guerra, de los montones de madera y basura que antes fueron casas, barrios enteros, antes del paso de algún huracán, de alguna inundación…
Naturalmente cuando hablamos de ruina desde una perspectiva estética evitamos la presencia del hombre, el discurso estético empieza después de que los cadáveres hayan sido retirados. Sería imposible de otra manera. Todos podemos ver, al cerrar los ojos, las terribles imágenes de los útlimos desastres, todas ellas llenas de muertos muy poco estéticos y casi nada simbólicos, y somos incapaces de no ver en todo ello ni una sola imagen que reclame la admiración, la belleza. Tiene que pasar el tiempo para que el documento adquiera una magnitud artística, para que el significado real y el simbólico puedab sustituirse uno al otro. Tiene que pasar tiempo para que el artista pueda transformar nuestra memoria y reconciliarnos con esa realidad cambiante que transforma algo en nada, la vida en la muerte, el orden en el caos. Y es ese caos el que rige toda la teoría de la ruina. Sin embargo, cada vez el tiempo que media entre desastre, la tragedia, y la trnasformación de los restos, de la ruina producida, en objeto de arte, en tema para ser recuperado por la esfera de lo estético, es cada vez más corto.
…Es hoy cuando la ruina florece en las galerías y museos, en los libros de artista. Seguramente es hoy cuando la ruina producida por la tragedia, no ya por la decadencia ni por el paso del tiempo, sino por la miseria, la guerra, el abandono de nuestros políticos, la especulación económica, se convierte más rápida y abundantemente en el tema de gran parte de los artistas actuales y, desde luego, en un subgénero fotográfico que no entiende de fronteras. Por motivos diferentes y con enfoques sin duda surgidos de diferentes motivaciones desde China hasta España, desde Rusia hasta París, artistas de todo el mundo se intercambian para inmortalizar el desastre, para hacernos objetivable el horor. Tal vez para facilitar que sigamos mirando a nuestro alrededor sin caer en el pánico, sin querer saber que estamos rodeados por la muerte, y buscar su belleza de una forma agónica, motivados por la inevitable tentación de la realidad que convierte el paisaje, sea cual sea, en un género artístico.
La Foto del post, una de mis favoritas de la revista: Personnel Carrier Painted to Simulated School Bus Bravo 20 Bombing Range, Nevada 1986 de Richard Misrach
Ultimamente estoy acumulando en mi cuaderno un montón de direcciones de lo más variopintas y cada cual más interesante. Tengo la sensación de que en el cuaderno se van a quedar olvidadas, así que al más puro estilo Papelcontinuo (tremendo blog!), apunto y linkeo las páginas y el que tenga tiempo que se de un paseillo por la Red!
- Fubiz: blog gabatxo con portfolios de fotógrafos, diseñadores, estudios….
Desde unos orígenes marcados por la fotografía documental, con un cierto espíritu periodístico, conformada en la necesidad de catalogar y realizar una suerte de inventario de todo lo que vemos, si bien agrupado en categorías, el trabajo del más joven de los Belinchón mantiene a la vez una cercanía muy marcada con la estructura interna de la historia de la pintura.
La relación entre la pintura y la fotografía es algo que está presente en las dos series que Raúl Belinchón ha realizado hasta el momento: Ciudades Subterraneas (2003-2004) y Patio de Butacas (2004-2005). No se trata tanto del tema como de una muy subjetiva concepción del punto de fuga y del color. Naturalmente hay otros aspectos destacados que pueden unir estas dos series y que le otorgan una cualidad temática de mayor envergadura.
La idea de una ciudad paralela a otra que vemos y habitamos, una ciudad subterranea por la que pasamos rápidamente, un lugar de tránsito, de intercomunicación, a oscuras, en la que entre el tumulto de lo colectivo se alza el silencio individual de cada uno de los habitantes, de ese a la vez oscuro y excesivamente iluminado. La seguna serie, Patio de Butacas, es un paseo por varias salas de teatros y cines de diferentes ciudades del mundo, aunque el origen del proyecto está en Rusia (butacas rojas). Es también un mundo paralelo, sueños e imaginación, frente a lo real y cotidiano. Además de un mundo en el que nos sumergimos en la oscuridad y el silencio colectivo, para dar paso a la experiencia individualizada.
En un sentido más visual, estas dos series plantean características diferentes y a la vez también semejantes: la iluminación saturada de los metros, una luz artificial que se resalta en los brillos del metal, en la velocidad hecha imagen, en la absoluta soledad de estas imágenes en las que el color es el único habitante en un espacio definido por las lineas de fuga de las escaleras, pasillos y techos infinitos, contrasta con esos lugares en los que prácticamente un solo color, el de las butacas, tradicionalmente rojas, caracteriza el espacio.
Estudio estético con, a la vez, un espíritu de catalogación absoluta, por lo tanto imposible, estas dos series tratan de espacios cerrados, artificiales, hechos para el uso fugaz, transitorio del hombre actual que crea espacios diferentes, de tránsito, de ocio, de movimiento y de descanso, en los que derivar su tiempo y su ensoñación.
El texto, copiado del libro “100 fotógrafos españoles“, es de Rosa Olivares (que escribe que da gusto!). La verdad es que es bastante curioso como he llegado a este fotógrafo..la foto que he colgado arriba, se me quedó grabada en el DFOTO de hace dos años. Recuerdo que Javi me dijo..mira josillo, esta te va a gustar…Luego conocí la obra de su hermano, Sergio Belinchón (espectacular), y de su hermano vuelta a Raúl…creo que no ha quedado muy claro..(esa es una de las diferencias entre Rosa Olivares y yo..;)). EL caso es que tanto Sergio como Raúl me parecen sensacionales fotógrafos…y al margen del contenido teórico de su obra, las fotos como meras imágenes visuales son espectaculares..Raúl, Sergio…Viva la madre que os parió!!!
Hoy me he comprado el últmo número de la revista Eyemazing. Antes de cogerla la he ojeado un poco por encima y me ha convecido…Pero en ese primer vistazo no había caído en unas fotos que me han dejado con la boca abierta, las de la serie Grief de Erwin Olaf.
La obra del fotógrafo holandés Erwin Olaf no suele dejar indiferente a casi nadie. Genera grandes adhesiones y también fuertes rechazos, estos últimos debidos sobre todo a su manera directa y explícita de abordar temas como el sexo, el deseo, la belleza y la violencia, una libertad y desinhibición que en su caso siempre han ido acompañadas de una incisiva crítica de la hipocresía social, los tabúes, la doble moral o el abuso consumista; en definitiva, todo aquello que la sociedad contemporánea todavía acostumbra a ocultar o enmascarar aun a sabiendas de que ocupa un espacio esencial, no sólo en nuestras vidas, sino en la propia estructuración de nuestra sociedad. Lo curioso es que esta posición, desarrollada en su trabajo artístico, coexista, en el caso de Erwin Olaf, con una destacada trayectoria como fotógrafo de publicidad.
Si algo caracteriza su trabajo es el paralelismo entre su obra artística y los encargos profesionales en los campos más diversos. De hecho, muchas personas habrán visto imágenes suyas, en múltiples anuncios, sin saber que es él quien las ha realizado. Basta enumerar algunas de las marcas o compañías para las que ha ideado campañas publicitarias para darse cuenta del destacado lugar que ocupa: Nokia, BMW, Nintendo, Microsoft, Virgin, Camel, Heineken, Diesel, Levi’s, Audi o Silk Cut, entre otras muchas. Dos de sus campañas (Diesel y Heineken) han recibido el León de Plata en el Festival de Publicidad de Cannes. Pero además, como un verdadero todoterreno de la imagen, ha realizado vídeos musicales, portadas de discos, carteles teatrales, vídeos para el Ballet Nacional de Holanda, una serie de nueve imágenes titulada Bodyparts para los servicios de la discoteca Roxy en Amsterdam, o ha diseñado, junto al prestigioso arquitecto Rem Koolhaas, unos lavabos públicos en Groningen. Entre sus últimos trabajos destaca la realización, en 2005, del prestigioso calendario que cada año hace la marca de café Lavazza, y que ha sido encargado en otras ediciones a fotógrafos como Helmut Newton o David LaChapelle.
Existe, no obstante, una unidad de estilo que recorre su obra. La provocación, la fantasía, el erotismo, la sátira y el humor están presentes en todos sus trabajos, servidos por una producción visual muy sofisticada y una depurada ambientación. Los referentes visuales que impregnan sus imágenes tienen orígenes muy diversos, pero perfectamente ensamblados, desde la pornografía a la moda, pasando por la historia de la pintura, la contracultura, el pop o el cine de autores como David Lynch y Brian de Palma.