La incomprensible belleza de la tragedia.

El texto que aparece en este post es parte de la editorial del número 24 de Exit, dedicado a las ruinas. Escrito por Rosa Olivares (una vez más), analiza la “ruina” como género fotográfico, su significado…Siempre me he sentido atraido por lo que algunos llaman “muerte y destrucción” sin saber muy bien por qué…aunque ahora creo tenerlo (no del todo) algo más claro..;)
La sociedad actual no sólamente se dedica a fomentar el negocio de la belleza artificial, algo mucho más rentable que la inteligencia artificial, a base de cremas y afeites de todo tipo para ella y para él, operaciones quirúrjicas, gimnasios, etc., toda esta arquitectura de la belleza artificial, preámbulo de la decadencia más real, convive en paralelo con la transformación simbólica del desastre en un producto asimilable por el ciudadano medio. Para la elite intelectual este desastre, la tragedia en que vivimos, adquiere categoría estética.
La ruina simboliza en la historia del arte, de la filosofía o de la literatura, es decir, en la historia cultural del ser humano, aspectos nobles, de transformación, de mejora, de memoria, de renovación. Se hace ver, desde el Renacimiento hasta nuestros días, que la ruína no solo tiene una belleza intrínseca, sino que se convierte en un referente romántico, en una representación del desarollo, en conceptos diferentes siempre positivos a lo largo del tiempo. Pero hoy en día todavía seguimos admirándonos de que las consecuencias del paso del tiempo, de la destrucción del hombre, de los restos de los desastres naturales puedan ser remarcables por su belleza, por su intensidad estética, por su aspecto regenerador. Olvidando casi siempre, tal vez por su excesiva presencia, la tragedia que la provocó. En un proceso publicitario imposible, los medios de comunicación intentan que, en una sociedad en la que la juventud, lo nuevo, la belleza, y últimamente la salud, son los valores centrales, la “arruga sea bella”, la decadencia atractiva, lo antiguo coleccionable y la muerte sea vista como algo que al parecer les pasa a los demás, generalmente lejos.
Sin embargo, nunca anteriormente, la destrucción, la tragedia, y por lo tanto la ruina contemporánea, ha estado más visible, ha sido más cotidiana, más inevitable y ha estado más presente en nuestra memoria visual que en el momento actual. Hablo de lo que vemos cada día en la prensa y en la televisión. Hablo de la ruina real que vemos después de un bombardeo o en un país en guerra, de los montones de madera y basura que antes fueron casas, barrios enteros, antes del paso de algún huracán, de alguna inundación…
Naturalmente cuando hablamos de ruina desde una perspectiva estética evitamos la presencia del hombre, el discurso estético empieza después de que los cadáveres hayan sido retirados. Sería imposible de otra manera. Todos podemos ver, al cerrar los ojos, las terribles imágenes de los útlimos desastres, todas ellas llenas de muertos muy poco estéticos y casi nada simbólicos, y somos incapaces de no ver en todo ello ni una sola imagen que reclame la admiración, la belleza. Tiene que pasar el tiempo para que el documento adquiera una magnitud artística, para que el significado real y el simbólico puedab sustituirse uno al otro. Tiene que pasar tiempo para que el artista pueda transformar nuestra memoria y reconciliarnos con esa realidad cambiante que transforma algo en nada, la vida en la muerte, el orden en el caos. Y es ese caos el que rige toda la teoría de la ruina. Sin embargo, cada vez el tiempo que media entre desastre, la tragedia, y la trnasformación de los restos, de la ruina producida, en objeto de arte, en tema para ser recuperado por la esfera de lo estético, es cada vez más corto.
…Es hoy cuando la ruina florece en las galerías y museos, en los libros de artista. Seguramente es hoy cuando la ruina producida por la tragedia, no ya por la decadencia ni por el paso del tiempo, sino por la miseria, la guerra, el abandono de nuestros políticos, la especulación económica, se convierte más rápida y abundantemente en el tema de gran parte de los artistas actuales y, desde luego, en un subgénero fotográfico que no entiende de fronteras. Por motivos diferentes y con enfoques sin duda surgidos de diferentes motivaciones desde China hasta España, desde Rusia hasta París, artistas de todo el mundo se intercambian para inmortalizar el desastre, para hacernos objetivable el horor. Tal vez para facilitar que sigamos mirando a nuestro alrededor sin caer en el pánico, sin querer saber que estamos rodeados por la muerte, y buscar su belleza de una forma agónica, motivados por la inevitable tentación de la realidad que convierte el paisaje, sea cual sea, en un género artístico.
La Foto del post, una de mis favoritas de la revista: Personnel Carrier Painted to Simulated School Bus Bravo 20 Bombing Range, Nevada 1986 de Richard Misrach
Hit: Hot chip - Boy from school
May 24th, 2007 at 2:17 pm
Ese número de la revista es genial…hay miles de fotografías fantasticas. Pero richard misrach, es un crack. Tiene un libro publicado con este tipo de fotos, que es una pasada de bueno, y de caro claro.
Cada día te superas con tus post, ¿será porque tenemos gustos parecidos?
Te espero para rosocoe project
http://www.roscoeproject.com
un abrazo amigo